lunes, 20 de agosto de 2007
Sobre las mismas cosas corrientes
Lo terrible de un fantasma no es su aparición sorpresiva. Un fantasma puede aparecer sin provocar sobresaltos. Lo terrible de un fantasma, y más aún en esos casos, es que aparece otro día. Borra la certeza primera de que ya cumplió el ciclo que le correspondía al dejarse ver y marcar los ojos de quien lo ha mirado, para abandonar poco después su afán de vivir. Aparece otro día. Otro. El fantasma no es la imagen que ingresó de algún modo en la casa y parece haber elegido los sitios que lo hacen sentir más cómodo. El fantasma es una pregunta que ha cobrado vida, del mismo modo que el tallo de una enredadera que en un principio no parecía sino la ramita más triste de un manojo de cilantro. Quiere hacerme saber que le gusta esta casa, que es suya, que no le interesa de quién se supone que sea. Prefiere la compañía de las persianas y los colores fríos, los momentos menos ruidosos pero no el silencio absoluto. Cada vez está más seguro de sí, y cree que gana autoridad en cada encuentro. Todas estas ideas innecesarias son la personalidad de alguien que hasta hace poco no era.
martes, 7 de agosto de 2007
Sobre cosas corrientes
Jorge está trabajando. Su mirada en la pantalla de la computadora. Ha pasado mucho tiempo. En la pared una ventana que mira al exterior. Afuera de la casa hay un fantasma. Jorge escribe y lee en la pantalla. Se cansa, y a ratos cierra los ojos y levanta la cara hacia el techo: este trabajo nunca va a acabar. Si se siente harto se incorpora, camina por el cuarto, piensa con preocupación en las tuberías de agua rotas que no han sido descubiertas, vuelve a sentarse. Al hacerlo nota que el fantasma está detrás de la ventana. En realidad apenas lo ve, lateralmente. Reanuda sus tareas: escribir y leer. Trabaja sin aumentar la velocidad, sin que varíe el interés. En algún momento se hace tarde, y viajar del escritorio a la cama le trae la recompensa de un sueño envuelto en otros pensamientos.
jueves, 26 de julio de 2007
La civilización es un fenómeno lírico
Lo dijo un médico muy aficionado al arte que aseguraba ser autodidacta "sin rubor y sin orgullo". Pocas veces me encuentro con enunciaciones tan contundentes por llenas de sentido. Tal vez hemos sospechado esa idea al experimentar la sensación de que estamos en una película y nuestra vida, o al menos el momento actual, un lapso, tiene su inevitable banda sonora. La lluvia, por ejemplo, como le comentaba a alguien no sé si hace poco, es un invento del cine. ¿Será posible separarla del carácter con el que nos fue enseñada? Esta sensación sugiere una experiencia un tanto terrible: sale uno a la calle, ve el movimiento de las personas, los coches y demás fenómenos naturales, y se encuentra con la posibilidad de que todo esto tenga sentido. Y si uno es una persona de buen juicio disfrutará la certeza de que esto importa, pero no importa. Y si uno tiene la poca delicadeza de haber nacido Aries, se verá obligado a incurrir en los excesos propios de la necesidad de conclusiones.
jueves, 19 de julio de 2007
Sobre la importancia de unas cuestiones que se tratarán
Porque lo realmente gracioso es difícil de comunicar. Y a veces uno piensa que ahí está lo importante: por eso es gracioso. Y lo que es lo mismo: meritorio. La inteligencia se mide con la vara del humor. Si alguien ha tenido mérito, lo he notado al oír mi carcajada. Sí, porque no me conformo con reír. Ni una sonrisa, menudencia para la gentuza. Por eso río de contento y río de egoísmo forzoso, pero no por eso menos disfrutable, con la agudeza verbal de Checo, que vive la poderosa alegría de una lengua vivaracha: Todos regaos, dirá refiriéndose al modo en que los parientes están dejando de ser jóvenes. Pero sólo tiene gracia al escucharlo. Pero después de todo ese personaje es el primero que comprende la agudeza de su enunciación. Y otros que están presentes y la celebran. Riendo. No espero que ustedes comprendan esto. Sólo si alguno de ustedes estuvo ahí lo sabe, y no hay libro que lo haya recogido, para bien del mundo improvisado que nadie puede decir que conoce.
viernes, 29 de junio de 2007
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Había una ventana grande. Una pared de vidrio, se diría. Y un jardín. Y en el jardín los patos, que caminaban con tranquilidad, y cuyos movimientos no escuchábamos. Una pista que atravesaba el jardín, en reposo de claro donde nadie ha pisado y que sólo por la persistencia de un conocimiento ajeno al caso identificamos con un camino. Y árboles. Y construcciones sin importancia más allá. Y la seguridad de que las cosas permanecen. A veces llovía, pero el agua es suave y sólo comenta. Todos los meteoros eran conocidos. Alguna vez, muy lejos, un ciclista. Pero casi no estaba, y una vez ido, era motivo de contemplación.
miércoles, 20 de junio de 2007
Sobre lo que pueda ser una causa justa

Soñaba con tener otro nombre. Y sobre todo le gustaban los sombreros y las ocasiones propicias para el disfraz. Había tanta belleza en su constitución, a pesar de que ni siquiera alcanzaba el grado suficiente de certeza para considerarla atractiva. Pero para ella también había algunos asuntos importantes. Pensaba con frecuencia en la sensación (no se dio cuenta cuándo se había vuelto habitual) de no estar demasiado conectada con las cosas, le daba un poco de risilla sentir que no tocaba el suelo, sobre todo al salir del ascensor y atravesar el pasillo elegantemente iluminado que la llevaba a su oficina todos los días y que se veía obligada a recorrer durante la mañana más veces de lo que hubiera querido. Aparte de eso, hablaba con gente casi todo el tiempo, convertida a veces en rana cantante, a veces en pájaro ventrílocuo y a veces en oruga plausible. Sin duda era más feliz en los largos ratos que dedicaba a pensar groserías apropiadas para aquellos que perpetuaban lo que solía llamar tradiciones estúpidas, como la de quienes querían explicar todo mediante la metáfora del palimpsesto.
martes, 5 de junio de 2007
Sobre el significado de los buenos días

No me prives de una sonrisa bien puesta en el corredor. Una muchacha riendo en el interior de su pecho, como si rebosara espuma, casi tentada por el pudor y casi determinada a desesperar al sentido del deber. Señor de los amaneceres, no me prives de las cantarinas novedades que un alma dispuesta sabe dispensar. Quiero que entre las máquinas se asome un olor a jabón perfumado, no ha de ser más que un instante que se hace liviano y se esfuma. Pero no es necesario más que eso. Si un hombre entra joven en una fábrica y sale viejo nadie hará un escándalo. Pero nada es igual después de conocer la filigrana, ni despúes de sentarse una tarde detras de una cascada de lluvia que cae del techo, ni después de cualquier cosa que lo deje a uno seguro de que no está seguro de estar dentro del marco de un cuadro donde creía que estaba.
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